EDUCACIÓN Y CIUDADANÍA

 La educación para la ciudadanía es un proceso que promueve una ciudadanía global, crítica, responsable y comprometida con la sociedad en la que vivimos, actuando en lo local y proyectándonos en lo mundial, fomentando actitudes y valores derivados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la Convención de los Derechos de la Infancia.

 

Reflexionar sobre educación y ciudadanía me ha hecho recordar los intensos, ya lejanos, debates que tuvimos en este país durante la tramitación de la LOE, en la que el Gobierno español planteó el área de "Educación para la ciudadanía" en el currículo escolar como un instrumento para mejorar la convivencia, la cohesión y la integración social. Como un medio para prevenir o corregir la amenaza que supone la violencia en sus diversas manifestaciones, escolar, juvenil, de género, en el deporte, … También ante la amenaza de la intolerancia, el fanatismo, el racismo y la xenofobia, la marginación, la insolidaridad. Es decir, la educación de ciudadanos y ciudadanas de una sociedad democrática, del siglo XXI, sin adoctrinamientos, con el propósito firme de promover la convivencia solidaria y respetuosa con el pluralismo, con la libertad de conciencia, con el pensamiento crítico, con los valores que fundamentan una ciudadanía responsable y participativa, con el aprendizaje de los derechos y libertades fundamentales que organizan la convivencia pacífica y democrática y que están recogidos en nuestra Constitución.

 

Se trataba, en definitiva, de cultivar valores, actitudes y habilidades para que nuestros jóvenes aprendan a conducirse libremente en la vida social y pública, respetando los principios democráticos, al tiempo que se preparan para una participación activa y autónoma en la sociedad de la que forman parte.

Se trataba, en definitiva, de que la educación de nuestros jóvenes estuviese en sintonía con la que reciben los jóvenes de la mayoría de los países de la Unión Europea, que se plantean, con diversas formulaciones, la educación cívica general y obligatoria de sus escolares.

En definitiva, considero una gran equivocación la desaparición de Educación para la Ciudadanía en la LOMCE, paliada en parte en la LOMLOE. Pienso que perdimos una excelente ocasión para el futuro democrático de nuestro país, para una educación de calidad de nuestros jóvenes, que entre muchos otros, incluye este aspecto. Y así andamos, buscando huecos en nuestros horarios y programaciones para ofrecer a nuestros niños, niñas y adolescentes la formación que necesitan como ciudadanos del siglo XXI. 

Sin entrar, en esta ocasión, en debates sobre la "censura parental" que algunos partidos políticos defienden actualmente. 

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